Señoras y señores, amigos todos, ¡muy buenas noches!
En el camino que recorrimos durante nuestra estancia en ésta, nuestra querida escuela, tuvimos grandes maestros, sin duda.
Esta noche, en que celebramos su cuarenta aniversario, hemos querido recordar a uno de ellos, en especial.
Aquel maestro que dejaba olor a puro mientras recorría los pasillos.
Aquel maestro con su pantalón café, arriba del ombligo y su camisa blanca arremangada.
Aquel maestro que al final del día, se ponía a recoger los pedacitos de lápices y gises que habíamos olvidado, para enviarlos a Cuba, a quién sabe quién, pero seguramente alguien necesitado.
¡Quién puede olvidar que nos aventaría “un piñazo” si dejábamos de prestar atención a su cátedra!
El siempre fue de los maestros a quien más regalos le llevábamos precisamente “El Día del Maestro”; pero también fue quien siempre se “refugiaba” en un salón, a puerta cerrada, y no aceptaba ninguno de esos regalos.
“Averigüéis. Comején, jején y berenjena. Hervir, servir y vivir. ¡Largo, largo, maldito lo que valgo! Y aquel hombre con su lanza... Señorito, pase al pizarrón. El hombre se mide de la cabeza al cielo. A ver tú, cafetera rusa,...” eran frases hechas, que a diario oíamos; muchas veces, a gritos. Pero de repente, el día menos esperado, llamaba a alguno de nosotros, lo ponía a su lado, le echaba el brazo encima de su hombro y como por arte de magia, su rostro se transformaba, se transformaba en el rostro más paciente y cariñoso que jamás pudiésemos imaginar, el rostro de un amigo. En ese momento, descubríamos todo lo que le debíamos, todo lo que él nos daba, lo grande que era: Nos conquistaba.
Aún ahora, sabemos que la palabra que nos enseñó fue sólo una, la más importante, de 2 sílabas, aguda, que no se acentúa por ser terminada en “r”: La palabra “Amor”.
En memoria de un gran maestro,
quien aún vive y vivirá
en nuestras letras y nuestro corazón:
El Padre Julián
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RECORDAR ES VIVIR Escrito por MACHAVEZ el 2010-02-19 13:10:09 Estoy de acuerdo con quienes señalan al Padre Julián como un excelentísimo maestro. Cuando estábamos en su clase lo "odiaba", porque, como también lo comentan, nos decía "al pizarrón señorito", "al revés de lo digo para que me entiendas", "te voy a dar un piñazo", etc, y tantas otras expresiones que tenía con nosotros. Pero como le he dicho a mis hijos cuando se quejan de un profesor: al paso del tiempo aquellos a los que "odiabas" son a los que con mayor cariño recuerdas, porque eso significó que se esforzaron por transmitir sus conocimientos. En alguna ocasión una secretaria me dijo que una palabra estaba mal escrita y le demostré por qué yo tenía la razón. Comentó que era la primera vez que alguien le demostraba cómo se escribía una palabra y por qué. Y eso se lo debo al Padre Julián. Como leí, alquien puede presumir, al igual que yo, que escribimos con excelente ortografía. Yo estuve internado en el Instituto durante 3 años /67 a 69) y él era uno de los que en ocasiones nos "cuidaba" en la noche. Hoy es la primera vez que entro a la página del Instituto y me da una gran emoción recordar sus aulas y ver que tienen una lista de ex alumnos. Me llamó la atención la invitación a registrarme. Créanme, cuantas veces he hablado de mis estudios, soy Licenciado en Administración, siempre comento que la mejor escuela donde estudié fue el Instituto Carlos Gracida de Oaxaca, donde tuve profesores que se esforzaron porque realmente aprendiéramos y fuéramos cada día mejores y dentro de ellos, sin duda alguna, sobre sale el Padre Julián Ortí. |
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